"Jesus, tu eres mi camino, ayudame a vecer los atajos, las trochas que me pierden en la mentira, que me ocultan la verdad y que me hacen perder la vida". Amen.
domingo, 20 de octubre de 2013
domingo, 6 de enero de 2013
El cuarto Rey Mago
El cuarto Rey Mago
Hay una leyenda que, sin ser parte de la Revelación, nos enseña lo que Dios espera de nosotros.
Se cuenta que había un cuarto Rey Mago, que también vio brillar la estrella sobre Belén y decidió seguirla. Como regalo pensaba ofrecerle al Niño un cofre lleno de perlas preciosas. Sin embargo, en su camino se fue encontrando con diversas personas que iban solicitando de su ayuda.
Este Rey Mago las atendía con alegría y diligencia, e iba dejándoles una perla a cada uno. Pero eso fue retrasando su llegada y vaciando su cofre. Encontró muchos pobres, enfermos, encarcelados y miserables, y no podía dejarlos desatendidos. Se quedaba con ellos el tiempo necesario para aliviarles sus penas y luego procedía su marcha, que nuevamente era interrumpida por otro desvalido.
Sucedió que cuando por fin llegó a Belén, ya no estaban los otros Magos y el Niño había huido con sus padres hacia Egipto, pues el Rey Herodes quería matarlo. El Rey Mago siguió buscándolo, ya sin la estrella que antes lo guiaba.
Buscó y buscó y buscó… y dicen que estuvo más de treinta años recorriendo la tierra, buscando al Niño y ayudando a los necesitados. Hasta que un día llegó a Jerusalén justo en el momento que la multitud enfurecida pedía la muerte de un pobre hombre. Mirándolo, reconoció en sus ojos algo familiar. Entre el dolor, la sangre y el sufrimiento, podía ver en sus ojos el brillo de la estrella. Aquel miserable que estaba siendo ajusticiado era el Niño que por tanto tiempo había buscado.
La tristeza llenó su corazón, ya viejo y cansado por el tiempo. Aunque aún guardaba una perla en su bolsa, ya era demasiado tarde para ofrecérsela al Niño que ahora, convertido en hombre, colgaba de una Cruz. Había fallado en su misión. Y sin tener a dónde más ir, se quedó en Jerusalén para esperar que llegara su muerte.
Apenas habían pasado tres días cuando una luz aún más brillante que la de la estrella llenó su habitación. ¡Era el Resucitado que venía a su encuentro! El Rey Mago, cayendo de rodillas ante Él, tomó la perla que le quedaba y extendió su mano mientras hacía una reverencia. Jesús le tomó tiernamente y le dijo:
“Tú no fracasaste. Al contrario, me encontraste durante toda tu vida. Yo estaba desnudo, y me vestiste. Yo tuve hambre, y me diste de comer. Tuve sed y me diste de beber. Estuve preso, y me visitaste. Pues yo estaba en todos los pobres que atendiste en tu camino. ¡Muchas gracias por tantos regalos de amor! Ahora estarás conmigo para siempre, pues el Cielo es tu recompensa.”
¡Feliz día de la Epifanía a todos!
@cavired
domingo, 23 de septiembre de 2012
Oración por la paz de San Francisco de Asís
Es hora de que en todas las iglesias y colegios salga
de todos los corazones la oración por la paz de San Francisco de
Asís:
Señor, hazme un instrumento de tu paz;
donde haya odio, ponga yo amor;
donde haya ofensa, perdón;
donde haya duda, fe;
donde haya desesperanza, esperanza;
donde haya tinieblas, luz;
donde haya tristeza, alegría.
Oh, Divino Maestro,
que no busque yo tanto
Ser consolado como consolar,
Ser comprendido como comprender,
Ser amado como amar.
Porque dando se recibe,
Perdonando se es perdonado,
Y muriendo así mismo
se nace a la vida eterna.
San Francisco de Asís
Alfonso Llano Escobar, S. J.cenalbe@javeriana.edu.co
http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/alfonsollanoescobar/colaboremos-con-el-proceso-de-paz-alfonso-llano-escobar-s-j-columnista-el-tiempo_12245504-4
Señor, hazme un instrumento de tu paz;
donde haya odio, ponga yo amor;
donde haya ofensa, perdón;
donde haya duda, fe;
donde haya desesperanza, esperanza;
donde haya tinieblas, luz;
donde haya tristeza, alegría.
Oh, Divino Maestro,
que no busque yo tanto
Ser consolado como consolar,
Ser comprendido como comprender,
Ser amado como amar.
Porque dando se recibe,
Perdonando se es perdonado,
Y muriendo así mismo
se nace a la vida eterna.
San Francisco de Asís
Alfonso Llano Escobar, S. J.cenalbe@javeriana.edu.co
http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/alfonsollanoescobar/colaboremos-con-el-proceso-de-paz-alfonso-llano-escobar-s-j-columnista-el-tiempo_12245504-4
viernes, 20 de julio de 2012
"Después de mi muerte dejaré caer una lluvia de rosas"
"Mi caminito es el camino de una infancia espiritual, el camino de la confianza y de la entrega absoluta."
La Iglesia reconoce la enseñanza profunda y valiosa del "caminito"
de Santa Teresita, lo cual conlleva el aceptar nuestras propias limitaciones,
y el dar De todo corazón lo que tengamos, no importa lo pequeña que sea la ofrenda.
"Después de mi muerte dejaré caer una lluvia de rosas". "Pasaré mi Cielo haciendo bien sobre la tierra".
Teresita sigue dejando caer su lluvia de rosas, y los que son suficientemente prudentes para recoger los preciosos pétalos, se encuentran atraídos irresistiblemente a Jesús.
Tomado de EWTN
@cavired
miércoles, 11 de julio de 2012
jueves, 7 de junio de 2012
Alma de Oración
Ser ALMA DE ORACION es tratar a Dios, como se trata a un amigo. Orar es "hablar"con DIOS.
Transcribo lo que dice San Josemaria en el punto N.91 de "CAMINO":
"Me has escrito: orar, es hablar con Dios. Pero de qué?
De qué? De El, de tí: alegrías, tristezas, exitos y fracasos, ambiciones nobles, preocupaciones diarias... flaquezas!: y hacimientos de gracias y peticiones: y Amor y desagravio.
En dos palabras: conocerle y conocerte; "tratarse !"
Y en el punto 90, dice:
"Que no sabes orar? Ponte en la presencia de Dios y en cuanto comiences a decir "Señor, "que no sé hacer oración!...."
está seguro de que has empezado a hacerla"
@cavired
martes, 5 de junio de 2012
Carta de Pepe Alonso para el mes de Junio
Miami, junio del 2012
Familia.
Casi sin darnos cuenta hemos llegado al sexto mes del año, la mitad del camino.
Y, precisamente, haciendo un “alto en el camino” nos convendría meditar un poco en ¿hacia donde nos llevara el resto del sendero de la vida?.
Muchas veces, absortos por tantas preocupaciones e inquietudes, nos olvidamos de las cosas verdaderamente esenciales de la vida y perdemos a menudo la brújula y el sentido de nuestra existencia. Hacemos muchas cosas y nos afanamos en una y mil actividades sin reparar en el porqué o para qué de todo aquello.
“¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si al final pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?”.
Es ésta una de las preguntas que atraviesan de polo a polo la historia de la humanidad y ante la cual nadie puede quedar indiferente.
¡Tenemos unos cuantos años para vivir en este mundo, y casi siempre dejamos de lado lo principal! ¿Qué es lo principal en esta vida? Dios, tu vida de gracia, tus valores morales y espirituales, la familia, los hijos y la total armonía con Dios y con tu prójimo. Las riquezas y los placeres materiales nos suelen fascinar tanto; el trabajo y otras obligaciones secundarias nos absorben tan en demasía que lo principal siempre se queda a un lado... ¡Así agotamos nuestra vida y olvidamos lo esencial!
Recuerda que la vida pasa demasiado rápido y que la muerte nos llega de sorpresa, inesperadamente. Cuando la puerta de esta vida se cierra para nosotros, de nada valdrán las lamentaciones.... Piensa en esto por un momento y no pases de largo ante esta oportunidad de replantear tu camino.
Dios nos ofrece continuamente oportunidades para reorientar los pasos. Vivamos el Tiempo Ordinario como un tiempo para edificar y madurar nuestra relación con el Señor.
Ordinario no significa de poca importancia, aburrido, insulso, incoloro. Sencillamente, con este nombre se le quiere distinguir de los “tiempos fuertes”, que son el ciclo de Pascua y el de Navidad con su preparación y su prolongación.
Es el tiempo más antiguo de la organización del año cristiano. Y además, ocupa la mayor parte del año: 33 ó 34 semanas, de las 52 que hay.
El tiempo del Año litúrgico que no tiene un carácter propio (Adviento Navidad, Cuaresma y Pascua). En este tiempo no se celebra ningún aspecto concreto del misterio de Cristo.
Durante el tiempo ordinario se celebran numerosas fiestas tanto del Señor como de la Virgen y de los Santos.
Este Tiempo Ordinario es una novedad de la reforma postconciliar ya que antes era llamado domingos después de Epifanía y domingos después de Pentecostés y también “domingos verdes” por el color litúrgico que se emplea.
No puedo ocultar que le tengo simpatía al Tiempo Ordinario. Cuando después de las fiestas de Navidad desembocamos en las primeras semanas de tiempo "normal", me parece que de algún modo llegamos a un respiro psicológico. Cuando termina la Cuaresma y la Pascua, con su tensión y su insistente énfasis, resulta pedagógico reanudar la serie de los domingos más "tranquilos" del Tiempo Ordinario.
No quisiera creer que mi subconsciente me juega una mala pasada, y que lo que pasa es que no quiero tiempos exigentes que me obliguen a vivir intensamente. Me parece que, aparte de la necesaria sucesión psicológica de tiempos fuertes y normales, el Tiempo Ordinario tiene una riqueza propia y unos valores interesantes que también cuentan en la vida espiritual.
1. El Tiempo Ordinario responde sencillamente a la vida normal. Es bueno que después de un espacio de fiesta sigan otros más sencillo. No todo el año puede ser Pascua ni "ejercicios espirituales". La vida cotidiana también tiene sus ventajas. En los tiempos fuertes se puede decir que nos vemos "obligados a celebrar" y hay "el deber de ser felices" (feliz Navidad... feliz Pascua). Ahora celebramos nada más -y nada menos- que eso: que somos cristianos, que formamos la comunidad de los salvados y vivimos la vida como continua historia de salvación. Los domingos verdes son los días en que "sólo" pasa eso: que es domingo.
2. El Tiempo normal es también el tiempo de la maduración. Acabamos de celebrar el misterio central: la Pascua. Y seguramente lo hemos hecho con intensidad y acentos de fiesta. Pero ahora se nos ofrece un espacio sosegado para ir asimilando ese misterio de Cristo. No es un tiempo estéril: la semilla fructifica en la tranquilidad. Una cosa es celebrar festivamente la Pascua y otra vivir la Pascua -que es lo mismo que vivir el Evangelio- en la vida de cada día, interiorizando, madurando en el misterio de Cristo.
3. Estos meses de Tiempo Ordinario nos invitan a vivir el misterio de Cristo en su totalidad. La Navidad nos hizo celebrar la Encarnación y sus primeras manifestaciones. La Pascua, el misterio de la Muerte y de la Glorificación del Señor. El Tiempo Ordinario nos va presentando pausadamente la vida, las palabras, los gestos, la persona de Cristo, y así va iluminando nuestra existencia e interpelando nuestra vida cristiana.
El Tiempo Ordinario tiene su gracia particular que hay que pedir a Dios y buscarla con toda la ilusión de nuestra vida: así como en este Tiempo Ordinario vemos a un Cristo ya maduro, responsable ante la misión que le encomendó su Padre, le vemos crecer en edad, sabiduría y gracia delante de Dios su Padre y de los hombres, le vemos ir y venir, desvivirse por cumplir la Voluntad de su Padre, brindarse a los hombres…así también nosotros en el Tiempo Ordinario debemos buscar crecer y madurar nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor, y sobre todo, cumplir con gozo la Voluntad Santísima de Dios. Esta es la gracia que debemos buscar e implorar de Dios durante estas semanas del Tiempo Ordinario.
Crecer. Crecer. Crecer. El que no crece, se estanca, se enferma y muere. Debemos crecer en nuestras tareas ordinarias: matrimonio, en la vida espiritual, en la vida profesional, en el trabajo, en el estudio, en las relaciones humanas. Debemos crecer también en medio de nuestros sufrimientos, éxitos, fracasos. ¡Cuántas virtudes podemos ejercitar en todo esto! El Tiempo Ordinario se convierte así en un gimnasio auténtico para encontrar a Dios en los acontecimientos diarios, ejercitarnos en virtudes, crecer en santidad…y todo se convierte en tiempo de salvación, en tiempo de gracia de Dios. ¡Todo es gracia para quien está atento y tiene fe y amor!
El espíritu del Tiempo Ordinario queda bien descrito de esta manera: “En ti vivimos, nos movemos y existimos; y todavía peregrinos en este mundo, no sólo experimentamos las pruebas cotidianas de tu amor, sino que poseemos ya en prenda la vida futura, pues esperamos gozar de la Pascua eterna, porque tenemos las primicias del Espíritu por el que resucitaste a Jesús de entre los muertos”.
Les invito a aprovechar este Tiempo Ordinario con gran fervor, con esperanza, creciendo en las virtudes teologales. Es tiempo de gracia y salvación. Encontraremos a Dios en cada rincón de nuestro día. Basta tener ojos de fe para descubrirlo, no vivir miopes y encerrados en nuestro egoísmo y problemas. Dios va a pasar por nuestro camino. Y durante este tiempo miremos a ese Cristo apóstol, que desde temprano ora a su Padre, y después durante el día se desvive llevando la salvación a todos, terminando el día rendido a los pies de su Padre, que le consuela y le llena de su infinito amor, de ese amor que al día siguiente nos comunicará a raudales. Si no nos entusiasmamos con el Cristo apóstol, lleno de fuerza, de amor y vigor…¿con quién nos entusiasmaremos?
Cristo, déjanos acompañarte durante este Tiempo Ordinario, para que aprendamos de ti a cómo comportarnos con tu Padre, con los demás, con los acontecimientos prósperos o adversos de la vida. Vamos contigo, ¿a quién temeremos? Queremos ser santos para santificar y elevar a nuestro mundo.
Les recuerdo que, si EWTN te ayuda en alguna manera a vivir mejor tu Fe, nos apoyes con tus oraciones así como con tu ayuda económica. Tu contribución será bendecida en donde mas lo necesites. Dios lo sabe.
Ewtn
@cavired
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