sábado, 14 de agosto de 2010

San Maximiliano Kolbe

Presbítero y mártir. Murió en la Segunda Guerra Mundial. Había sido llevado por los nazis al terrorífico campo de concentración de Auschwitz.

Un día se fugó un preso. La ley de los alemanes era que, por cada preso que se fugara del campo de concentración, tenían que morir diez de sus compañeros. Hicieron el sorteo (1-2-3-4…9…10) y, al que le iba correspondiendo el número 10, era puesto aparte para echarlo a un sótano a morirse de hambre. De pronto al oírse un 10, el hombre a quien le correspondió ese número dio un grito y exclamó: “Dios mío, yo tengo esposa e hijos. ¿Quién los va a cuidar?”. En ese momento, el padre Kolbe dice al oficial: “yo me ofrezco para reemplazar al compañero que ha sido señalado para morir de hambre”. El oficial le responde: “¿y por qué? Responde el padre: “es que él tiene esposa e hijos que lo necesitan. En cambio, yo soy soltero y solo, y nadie me necesita.” El oficial duda un momento y enseguida responde: “aceptado”. Y el prisionero Kolbe es llevado con sus otros 9 compañeros a morirse de hambre en un subterráneo. Aquellos tenebrosos días son de angustias y agonías continuas. El santo sacerdote anima a los demás y reza con ellos. Poco a poco van muriendo los demás. Al final, después de bastantes días, solamente queda él con vida. Como los guardias necesitan ese local para otros presos que están llegando, le ponen una inyección de cianuro y lo matan. Era el 14 de agosto de 1941. Su familia, polaca, era inmensamente devota de la Santísima Virgen y cada año llevaba a los hijos en peregrinación al santuario nacional de la Virgen de Chestokowa. El hijo heredó de sus padres un gran cariño por la Madre de Dios. Un domingo, en un sermón oyó, decir al predicador que los Padres Franciscanos iban a abrir un seminario. Le agradó la noticia y, con su hermano, se dirigió hacia allá. En 1910 fue aceptado como Franciscano, y, en 1915, obtuvo en la Universidad de Roma el doctorado en filosofía y, en 1919, el doctorado en teología. Un año antes, fue ordenado sacerdote. Maximiliano gastó su vida en tratar de hacer amar y venerar a la Sma. Virgen. En 1927, fundó en Polonia la Ciudad de la Inmaculada, una gran organización. Luego, funda en Japón otra institución semejante con éxito admirable. El padre Maximiliano fundó dos periódicos. Organizó una imprenta en la ciudad de la Inmaculada en Polonia y después, se trasladó al Japón. Allá fundó una revista católica que pronto llegó a tener 15,000 ejemplares. Esto es considerado un verdadero milagro dado que, en ese país, los católicos casi no existían. En la II guerra mundial, la ciudad de Nagasaki, donde él tenía su imprenta, fue destruida por una bomba atómica. Curiosamente, a su imprenta no le sucedió nada malo. Los nazis, durante la guerra, al invadir Polonia, bombardearon la ciudad de la Inmaculada y se llevaron prisioneros al padre Maximiliano y a todos los que lo ayudaban.

Cuando el Santo Padre Pablo VI lo declaró beato, a esa gran fiesta asistió el hombre por el cual él había ofrecido el sacrificio de su propia vida. Juan Pablo II, su paisano, lo declaró santo ante una multitud inmensa de polacos en 1982.
http://www.pacarina.com/minutos/2010/08/14/san-maximiliano-maria-kolbe/


VERSION LARGA

En septiembre de 1939 estalla la Segunda Guerra mundial. Sangre, muerte, destrucción, crueldad, odio, bestialidad e infamia sin fin. Los nazis, llenos de soberbia, invaden Polonia. En pocas semanas, el ejercito y toda la nación polaca sufren la humillación de la derrota. Quedan completamente subyugados.


Pocos días después, llega la Wermach, o ejercito de ocupación, que sin miramiento alguno comete todo tipo de tropelía, saqueos y vandalismos en la ciudad mariana: destrozan imágenes, encienden fogatas con ornamentos sagrados, retiran y se llevan una buena parte de la maquinaria tipográfica. El P. Kolbe, el fundador, esta presente ante esos destrozos sacrílegos. No se deja dominar por el odio ni grita venganza. Solo reza, llora y consuela... Pese al clima de odio al enemigo, el perdona como Cristo en la Cruz; el ama a todos: "¡Animo muchachos, la Inmaculada nos lo dio. La Inmaculada nos lo quito. Ella bien sabe como están las cosas!".

El 19 de septiembre se presento en Niepokalanow la Wermacht alemana con gritos: "Todos fuera!.. ¡Todos en marcha!.. Todos los frailes fueron acorralados en el patio, encolumnados y cargados en camiones rumbo al occidente. Pasaron de un campo de concentración a otro: de Lamsdorf a Amtitz, de aquí a Ostrzeszow. Aun no se había llegado a los horrores posteriores de los campos de concentración; sin embargo, no faltaban los sufrimientos. Había de sobra dolor para poner a prueba hasta a los mas fuertes: abusos, prepotencia, desprecio, violencia, repugnante suciedad, hambre, frío, promiscuidad, piojos. Pese a todo, había algo de libertad que permitía a los frailes tener vida común, instalar una imagen en la repisa de un galpón, rezar y cantar juntos, hacer su retiro espiritual.

El 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada, luego de tres meses de encierro, fueron inexplicablemente liberados. Era un regalo de la Virgen. Pero triste espectáculo les brindo Niepokalanow al regresar. Primeramente, los bombardeos y los saqueos habían destrozado la mística ciudad. Ahora, todo se hallaba ocupado por los deportados y desbandados. Sin embargo, no hubo desmayo, sino que en seguida se organizo la vida religiosa con tandas continuadas de Adoración ante el Santísimo.

De inmediato, la numerosa comunidad tuvo que enfrentar no tanto los problemas culturales de las revistas y ediciones, cuanto los mas prosaicos y graves de la subsistencia: comida, ropa, remedios, Para resolverlos, como también para salir al encuentro de las necesidades del pueblo de los alrededores, se abrieron talleres de herrería, carpintería, mecánica, servicios automovilísticos, y también una lechería. Ocasionalmente tuvieron que prestar servicios también a las autoridades de ocupación. Niepokalanow brindo su asistencia a varios miles de pobres desheredados, entre los cuales había un millar de judíos, marcados por los nazis con una estrella amarilla sobre el pecho.

El P. Maximiliano había impartido a sus frailes estas pautas de conducta: la caridad ha de estar abierta a todos sin discriminación; sus únicos limites han de ser los de las posibilidades, que, gracias a su gran espíritu de sacrificio, llegaban a los extremos de la misma generosidad.

El P. Kolbe se las arregló para enviar mensajes a los hermanos dispersos: "Trabajemos en la acción misionera. Conquistemos para la Inmaculada otros corazones. Recemos mucho por la venida del reino. Ofrezcámosle nuestros sufrimientos. Nuestra consigna sea ésta: que la Inmaculada esté contenta de nosotros. Vivamos de amor. Comuniquemos a los otros fuego de amor"

La Navidad de 1939 es Navidad de guerra: nuevos aprestos bélicos en el frente ruso, carecen los alimentos y la calefacción, aumenta el miedo, las persecuciones y arrestos... ¿Quien se acuerda de celebrar Navidad? -El P. Maximiliano. Organiza una fiestecita infantil para los muchos niños alojados en Niepokalanow: teatrillo, cantos, modestas golosinas, para devolver a los niños un poco de alegría y hacer brillar de nostalgia los ojos de las madres.

El P. Kolbe esta en la lista negra de la Policía Secreta. ¿Por que? El Padre Kolbe es el superior de Niepokalanow, cuyas actividades marianas tienen tanta influencia en toda Polonia. Los nazis quieren destruir esa influencia y a la vez quieren vengarse de que de esos talleres salía "El Pequeño Diario" cuya predica patriota y católica tanto los había enfurecido. Peor mas aun, el P. Kolbe por su sacerdocio, cultura y posición era dirigente notable. En el programa de ocupación estaba previsto el exterminio de los intelectuales y dirigentes. Además, en Niepokalanow se brindaba asilo a los judíos. A los ojos antisemitas de los nazis, eso era un delito que merecía el castigo de los campos de concentración.

El P. Maximiliano presentía que vendrían para apresarlo pero seguía firme en compromisos. Estaba convencido de que su vida estaba en manos de Dios y que la Inmaculada velaba por todos. Seguía trabajando por la difusión de sus ideales marianos. Deseaba reeditar "El Caballero de la Inmaculada" para llevar autentica esperanza y paz a ciento de miles de hogares en tiempo de tanto dolor y confusión. Finalmente, en diciembre del 1940, luego de infinitas gestiones con los ocupantes invasores, pudo editar el ultimo numero, en el cual brillaba la belleza del amor mariano.

Un día de febrero del 1941 por la mañana dos autos negros de la Gestapo se paran ante Niepokalanow. Los policías piden hablar con el P. Kolbe, quien al saber su llegada contesta con temblor al hermano portero: "¡Bien, bien, hijo mío!¡María!". Reúnen a todos los frailes en el patio, mientras tanto ellos inspeccionan bruscamente todo el convento. Hacia mediodía, el Padre Maximiliano y otros cinco padres son obligados a introducirse en los autos. Parten para un viaje sin retorno. El P. Maximiliano inicia su vía crucis sereno y tranquilo, como siempre. Dejó su querida Niepokalanow, su predilecta ciudad mariana, para no volver mas.

Para todo polaco, el "Pawiak" es el nombre de la terrible cárcel de Varsovia, que "hace helar la sangre". Ahí ingreso el 17 de febrero de 1941 el P. Maximiliano Kolbe.

El campo de concentración de Auschwitz es llamado por los polacos: "campo de la muerte", porque en sus campos, bloques y sótanos, han perecido miserable y trágicamente, mas de cinco millones de personas. Levantado sobre los escombros de unos cuarteles y granjas, esta situado en la Polonia meridional, en una zona pantanosa, insalubre, para que no hubiese testigos indiscretos de esa fabrica de muerte. Rodeado por altas alambradas electrizadas y de torres de control. Allí toda crueldad e infamia, toda bestialidad y aberración, toda atrocidad y todos los horrores se habían dado cita para transformarlo en un verdadero infierno. Continuas muertes por enfermedades y por inanición, frío, fatigas agotadoras, escorbuto, disentería, traumas e infecciones. El pelotón de fusilamiento acribillaba a docenas a la vez contra un paredón forrado de caucho, para atenuar el ruido del disparo. En la plaza de armas cinco personas subían a la banqueta. El verdugo les colocaba el lazo al cuello. Con una patada a la banqueta quedaban las víctimas suspendidas. Auschwitz se había hecho famoso por la instalación de la primera cámara de gas. Lo que mas se temía no eran las balas, ni las horcas, ni las cámaras de gas, sino los sótanos de la muerte, o "Bunker", de la lenta agonía, del martirio enloquecedor del hambre y de la sed.

En Auschwitz murieron millones de católicos y también, como es sabido, millones de judíos. El objetivo mas profundo de Hitler en sus masacres es poco conocido. El hecho es que el odiaba la revelación divina confiada a Israel y también a Jesucristo, particularmente a la Iglesia Católica.

Entra en Auschwitz el P. Maximiliano la tarde del 28 de mayo de 1941 con un transporte de otros 320 presos. Sobre el portón de entrada había un letrero en alemán: "El trabajo libera". Era una mentira mas. En realidad, al entrar los prisioneros, se les decía que los judíos tenían el derecho de vivir dos semanas y los sacerdotes católicos un mes.

Apenas llegan agotados, se pasa lista. Cada preso ha de pasar debajo de una doble fila de sayones, los que armados de látigos y bastones, se divierten sádicamente, golpeándolos o haciéndoles zancadillas, que obligan los presos a saltos, manotazos, morisquetas y terribles crispaciones. Todo esto provocaba en los verdugos burlas y risotadas.

Maximilano siempre iba al final de la línea de la enfermería a pesar de la severa tuberculosis que padecía.

La mañana del 29 de mayo despertó a los 320 con un deshumanizante programa. Desnudados, fueron sometidos a una ducha colectiva de violentos chorros de agua fría. Después golpeados y escarnecidos obscenamente por sus desnudeces, fueron revestidos de raídas casacas, muchas de ellas aun manchadas de sangre. Cada casaca lleva un numero. Desde ahora en adelante, cada preso no será mas que un numero. El del Padre Maximiliano María Kolbe era el 16670.

Mas tarde, todo el grupo salió a la plaza de armas, para la asignación a las brigadas de trabajo o bloques. El P. Kolbe en seguida fue ocupado como peón en el acarreo de cantos rodados y arena para la construcción de un muro alrededor del horno crematorio. El P. Kolbe consolaba a sus compañeros y decía " todo lo que sufrimos, es por la Inmaculada".

Un día, después de una tremenda paliza dada por el cabo que estaba a cargo, y que lo había dejado mas muerto que vivo, el P. Kolbe fue internado en el hospital, atacado de neumonía, con fiebre altísima y con el rostro estriado de moretones. "Con su conducta ante el sufrimiento, asombraba a médicos y enfermeros. Soportaba el dolor virilmente y con completa resignación a la voluntad de Dios, solía repetir: "Por Jesús soy capaz de padecer aun mas. La Inmaculada esta conmigo y me ayuda".

El bloque 14 había salido para la cosecha de unas parcelas de trigo. Aprovechando algún descuido de los guardias, un preso se fugó. Por la tarde, al pasar lista, se descubrió el hecho. El terror congeló los corazones de aquellos hombres. Todos sabían la terrible amenaza del jefe: "Por cada evadido, 10 de sus compañeros de trabajo, escogidos al azar, serian condenados a morir de hambre en el bunker o sótano de la muerte.

A todos aterrorizaba el lento martirio del cuerpo, la tortura del hambre, la agonía de la sed. Al día siguiente, los otros bloques siguen sus faenas diarias. Los del bloque 14 han de quedar en posición de atención en la explanada bajo el sol calcinante de verano, sin comer ni beber. Tres horas pasan como la eternidad. El P. Maximiliano, el de los pulmones agujereados por la tisis, el que acaba de salir del hospital, siempre débil y enfermizo, resiste de pie, no desmaya ni cae. El solía repetir: "En la Inmaculada todo lo puedo". A las 21 horas se distribuyo la comida. Pero no para el bloque 14. Estos pobres observaron como sus raciones eran tiradas de las ollas al desagüe. Al romper filas todos van a catres sabiendo que al día siguiente diez de entre ellos serian escogidos para el bunker de la muerte. Ya había ocurrido en dos ocasiones.

Al día siguiente, a las 18 horas, Fritsch, el comandante del campo, se planta de brazos cruzados ante sus víctimas. Un silencio de tumba sobre la inmensa explanada, atestada de presos sucios y macilentos. "El fugitivo no ha sido hallado... Diez de ustedes serán condenados al bunker de la muerte... La próxima vez serán veinte".

Con total desprecio a la vida humana, los condenados son escogidos al azar. ¡Este!... ¡Aquel!... grita el comandante. El ayudante Palitsch marca los números de los condenados en su agenda. Aterrorizado, cada condenado sale de las filas, sabiendo que es el final.

¡Adiós, adiós , mi pobre esposa!.. ¡Adiós , mis hijitos, hijitos huérfanos! dice sollozando el sargento Francisco Gajownieczek.

Las palabras del sargento sin duda tocan el corazón de muchos presos, pero en el corazón del padre Kolbe hacen mas. Mientras los diez condenados responden al grito: "¡Quítense los zapatos!", porque deben ir descalzos al lugar del suplicio; de improviso ocurre lo que nadie podía imaginarse.

He aquí los testimonio de los que estaban presente:

"Después de la selección de los diez presos atestigua el Dr. Niceto F. Wlodarski, el P. Maximiliano salió de las filas y quitándose la gorra, se puso en actitud de ¡firme! ante el comandante. Este sorprendido, dirigiéndose al Padre, dijo: "Que quiere este cerdo polaco?". "El P. Maximiliano, apuntando la mano hacia F. Gajownieczek, ya seleccionado para la muerte, contesto: "Soy sacerdote católico polaco; soy anciano; quiero tomar su lugar, porque el tiene esposa e hijos...".

"El comandante maravillado, pareció no hallar fuerza de hablar. Después de un momento, con un gesto de la mano, pronunciando la palabra ¡Raus! ¡Fuera!..., ordeno a Gajowniczek que regresara a su fila. De este modo, el P. Maximiliano María Kolbe tomo el lugar del condenado".

"Parece increíble que el comandante Frisch haya borrado de la lista al sargento, y haya aceptado el ofrecimiento del P.Kolbe, y que mas bien no haya condenado a los dos al bunker de la muerte. Con un monstruo como ese, todo era posible"

"Los diez pasaron ante nuestras filas", declara Fray Ladislao Swies, palotino, "y entonces observe que el Padre Kolbe seguía por ultimo, y sostenía a tientas a otro de los condenados, mas débil que el, que no era capaz de caminar con sus propias fuerzas".

A la Virgen dirige su oración: "Reina mía, Señora mía, has mantenido tu palabra. ¡Es para esto que yo he nacido!".

"El sacrificio del P. Kolbe, mientras provocó la consternación entre las autoridades del campo, provocó la admiración y el respeto de los presos", (Sobolewski). "En el campo casi no se notaban manifestaciones de amor al prójimo. Un preso rehusaba a otro un mendrugo de pan. En cambio, el había dado su vida por un desconocido" (Dr. Stemler)

El sol se estaba hundiendo en el horizonte detrás de las tétricas alambradas. El cielo estaba tomando los colores rojos de los mártires. "Fue una magnifica puesta del sol, una puesta nunca vista", relatan los pocos supervivientes de esa tarde de fines de julio de 1941. Entre el odio brilló mas fuerte el amor que la Virgen nos concede. "No hay amor mas grande que dar la vida por un amigo" (San Jn 15:13) .

Los diez condenados al hambre y la sed bajan al sótano de la muerte del que solo salen cadáveres directamente al crematorio.

Bruno Borgowiec, un polaco encargado de retirar los cadáveres, dio su testimonio: "Después de haber ordenado a los pobres presos que se desnudaran completamente, los empujaron en una celda. En otras celdas vecinas ya se hallaban otros veinte de anteriores procesos. Cerrando la puerta, los guardias sarcásticamente decían: "Ahí se van a secar como cascaras". Desde ese día los infelices no tuvieron ni alimentos ni bebidas"

"Diariamente, los guardias inspeccionaban y ordenaban retirar los cadáveres de las celdas. Durante estas visitas estuve siempre presente, porque debía escribir los nombres-números de los muertos, o traducir del polaco al alemán las conversaciones y los pedidos de los presos.

"Desde las celdas donde estaban los infelices, se oían diariamente las oraciones recitadas en voz alta, el rosario y los cantos religiosos, a los que se asociaban los presos de las otras celdas. En los momentos de ausencia de los guardias yo bajaba al sótano para conversas y consolar a los compañeros. Loas fervorosas oraciones y cantos a la Virgen se difundían por todo el sótano. Me parecía estar en una iglesia. Comenzaba el P. Maximiliano y todos los otros respondían. A veces estaban tan sumergidos en las oraciones, que no se daban cuenta de la llegada de los guardias para la acostumbrada visita. Sólo a los gritos de estos, las voces se apagaban.

"Al abrir las celdas, los pobres infelices, llorando a lágrima viva, imploraban un trozo de pan y agua, pero les era negado. Si alguno de entre los más fuertes se acercaba a la puerta, en seguida recibía de los guardias patadas al vientre, tanto que cayendo atrás sobre el cemento, moría en el acto o era fusilado.

"Del martirio que han debido padecer los pobres condenados a una muerte tan atroz, da testimonio el hecho de que los cubos estaban siempre vacíos y secos. De lo cual hay que concluir que los desgraciados, a causa de la sed, tomaban la propia orina".

"El P. Maximiliano se comportaba heroicamente. Nada pedía y de nada se quejaba. Daba animo a los demás. Persuadía a los presos a esperar de que el fugitivo sería hallado y ellos serían liberados.

"Por su debilidad recitaba las oraciones en voz baja. Durante toda visita, cuando ya casi todos estaban echados sobre el pavimento, se veía al P. Maximiliano de pie o de rodillas en el centro, mirando con ojos serenos a los llegados. Los guardias conocían su sacrificio, sabían también que todos los que estaban con el morían inocentemente. Por esto, manifestando respeto por el P. Kolbe, decían entre si: "Este sacerdote es todo un caballero. ¡Hasta ahora no hemos visto nada semejante!".

Así pasaron dos semanas, mientras tanto los presos morían uno tras otro. Al termino de la tercera semana, solo quedaban cuatro, el P. Kolbe entre ellos.

A las autoridades pareció que las cosas se alargaban demasiado. La celda era necesaria para otras víctimas. "Por esto, un día, el 14 de agosto, condujeron al director de la sala de enfermos, el criminal Boch, el cual propino a cada uno una inyección endovenosa de ácido fénico. El P. Kolbe, con la plegaria en los labios, el mismo ofreció el brazo al verdugo.

"Partidos los guardias con el verdugo, volví a la celda donde encontré al P. Kolbe sentado", narra Borgowiec, "recostado en la pared, con los ojos abiertos y concentrados en un punto y la cabeza reclinada hacia la izquierda (era su posición habitual). Su cuerpo limpio y luminoso. Su rostro lucia sereno y bello, radiante, mientras los demás muertos estaban tendidos sobre el pavimento, sucios y con los signos de la agonía en el rostro.

"En el campo por meses se recordó el heroico acto del sacerdote. Durante cada ejecución se recordaba el nombre de Maximiliano Kolbe.

"La impresión del hecho se me grabó eternamente en la memoria".

La Inmaculada se lo llevó la víspera de su gran fiesta: La Asunción. Moría un santo sacerdote en Auschwitz, mártir por Dios, de la Virgen y por un padre de familia. El padre Kolbe venció al mal con el poder del amor. Murió tranquilo, rezando hasta el último momento. Según el certificado de defunción del campo, P. Maximiliano María Kolbe falleció a las 12:50 del 14 de agosto de 1941. Tenia 47 años."

El día siguiente, 15 de agosto, el cadáver del P. Kolbe fue llevado al horno crematorio. Cinco meses antes en la misma mañana del arresto, el P. Maximiliano María Kolbe así escribía en su agenda personal (02-17-1941):

"La Inmaculada, que había sido todo el poema de su vida, la luz de su inteligencia y de su genio, el latido de su corazón, la llama de su apostolado, el éxtasis de su plegaria, su inspiradora y guía, su fortaleza y su sonrisa, la Reina de sus "ciudades" y la Dama de sus caballeros, en breve la vida de su vida; Ella quiso, arrebatárselo en luz de gloria entre los ángeles que festejaban su supremo triunfo".

Cumplió su deseo máximo: "Concédeme alabarte, Virgen Santa, concédeme alabarte con mi sacrificio. Concédeme por ti, solo por ti, vivir, trabajar, sufrir, gastarme, morir..."

San Maximiliano se encontró en medio de un gran choque espiritual en la batalla que se libra en el mundo entre la Inmaculada Virgen María y Satanás. El supo dar la talla y vencer con las armas del amor. Como respuesta a la brutalidad del trato de los guardias de la prisión, San. Maximiliano era siempre obediente, manso y lleno de perdón. Aconsejaba a todos sus compañeros de prisión a confiar en la Inmaculada: "¡Perdonen!", "Amen a sus enemigos y oren por los que os persiguen". . Es una batalla que ahora, con su ejemplo e intercesión debemos nosotros luchar.

El 17 de Octubre de 1971, luego de dos milagros obtenidos gracias a su intercesión, el Padre Maximiliano Kolbe fue beatificado por el Papa Paulo VI. En su mensaje el Papa proclamó: "Maximiliano Kolbe ha sido un apóstol del culto a la Virgen, contemplada en su primer, originario y privilegiado esplendor, el de su propia definición en Lourdes: "LA INMACULADA CONCEPCION. Resulta imposible separar el nombre, la actividad, la misión del Beato Kolbe, del nombre de María Inmaculada....Ningún titubeo estorbe nuestra admiración, nuestra adhesión a esa consigna que el Beato nos deja en herencia"

Un compatriota suyo, el Papa Juan Pablo II lo canonizó en 1982: Mártir de la caridad. El mismo Papa sufrió mucho en la misma guerra y Dios lo libró de la muerte para que pueda ser testigo de la victoria de la Inmaculada en San Maximiliano Kolbe.

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Oremos

Consagración a la Inmaculada compuesta por S. Maximiliano Kolbe

"OH Inmaculada, reina del cielo y de la tierra,
refugio de los pecadores y Madre nuestra amorosísima,
a quien Dios confió la economía de la misericordia.
Yo....... pecador indigno, me postro ante ti,
suplicando que aceptes todo mi ser como cosa y
posesión tuya.


A ti, Oh Madre, ofrezco todas las dificultades
de mi alma y mi cuerpo, toda la vida, muerte y eternidad.
Dispón también, si lo deseas, de todo mi ser, sin ninguna reserva,
para cumplir lo que de ti ha sido dicho:
"Ella te aplastará la cabeza" (Gen 3:15), y también:
"Tú has derrotado todas las herejías en el mundo".
Haz que en tus manos purísimas y misericordiosas
me convierta en instrumento útil para introducir y aumentar tu gloria
en tantas almas tibias e indiferentes, y de este modo,
aumento en cuanto sea posible el bienaventurado
Reino del Sagrado Corazón de Jesús.
Donde tú entras oh Inmaculada, obtienes la gracia
de la conversión y la santificación, ya que toda gracia
que fluye del Corazón de Jesús para nosotros,
nos llega a través de tus manos".

Ayúdame a alabarte, OH Virgen Santa
y dame fuerza contra tus enemigos."


Señor Dios, que al mártir San Maximiliano María Kolbe, apóstol de la Inmaculada, lo llenaste de celo por las almas de amor al prójimo, concédenos, por su intercesión, trabajar generosamente por tu gloria en el servicio de los hombres y tener el valor de asemejarnos a tu Hijo, incluso hasta en la muerte. Por Jesucristo, Señor nuestro, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Dios de poder y misericordia, que diste tu fuerza al mártir San Maximiliano Kolbe para que pudiera resistir el dolor de su martirio, concédenos que quienes celebramos hoy el día de su victoria, con tu protección, vivamos libres de las asechanzas del enemigo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

I vísperas Asunción de la Santísima Virgen María

Himno

El cielo se maravilla,
Virgen, viendo como a vos
Junto a sí os ha dado Dios
La más eminente silla.

Sobre los altos confines
Del más levantado cielo
Subisteis, Virgen, del suelo
En hombros de serafines.

Y mucho se maravilla
El cielo de ver que a vos
Junto a sí os ha dado Dios
La mas eminente silla.

¡Oh Dios, quién supiera ahora
significar la alegría
que todo el cielo tendría
con su nueva emperadora!

Ángeles podrán decilla,
Virgen, y lo que con vos
Hizo vuestro hijo y Dios
Cuando os dio tan alta silla.

Amén

http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=saintfeast&localdate=20090814&id=12170&fd=0

domingo, 25 de julio de 2010

SEÑOR, ENSÉÑANOS A ORAR

Los textos litúrgicos de este domingo nos enseñan diversos modos de orar. Abrahán aparece en la primera lectura como modelo de oración de intercesión por los habitantes de Sodoma. En el Evangelio, Jesucristo nos enseña con el padrenuestro dos modos de orar: la oración de deseo, en la primera parte, y la oración de súplica, en la segunda. El texto de la carta a los colosenses no trata directamente de la oración, pero podríamos decir que ofrece el fundamento de toda oración cristiana, sobre todo, de la oración litúrgica, que es el misterio de la muerte y resurrección de Jesucristo. Quizá se pudiera hablar de la oración que se hace vida, aquella que se entrega por amor. La oración de intercesión. Interceder es unirse a Jesucristo, único mediador entre Dios y los hombres.

Hoy nos invita a participar, de alguna manera, en su mediación salvífica. En la intercesión, en efecto, el orante no busca su propio interés, sino el de los demás, incluso el de los que le hacen mal. Normalmente, se intercede por alguien que está en necesidad, en peligro o en dificultad. Así lo hace Abrahán ante la situación de Sodoma y Gomorra, a punto de ser destruidas por su maldad. La de él es una intercesión llena de atrevimiento y osadía para con Dios, pero, al mismo tiempo, de grandísima humildad. La oración de intercesión complace a Dios, porque es la propia de un corazón conforme a la misericordia del mismo Señor. Pero la efi cacia divina, obtenida por el intercesor, puede encontrar acogida o rechazo en la persona por la que se intercede. Ante la intercesión de Abrahán, Dios intercede y salva a Lot y a sus hijas, pero Sodoma y Gomorra son arrasadas por el fuego. La oración de deseo.

Lo propio del amor es pensar primeramente en Aquel que amamos. Por eso, en el padrenuestro que Jesucristo nos enseñó, el corazón del creyente eleva hasta Dios el deseo ardiente, el ansia del hijo por la gloria del Padre, siguiendo las huellas de Jesucristo. ¿Qué es lo que el cristiano más puede desear en este mundo? El Evangelio nos responde: que sea santificado el nombre de Dios, que venga su Reino. El cristiano desea ardientemente que Dios sea reconocido como santo, como totalmente diferente del mundo, como el totalmente Otro, como el Trascendente que sostiene nuestra libertad y alienta nuestra hambre de trascendencia. El cristiano anhela fuertemente que se establezca el reino y reinado de Dios sobre la tierra.
http://www.minutosdeamor.com/?p=2376


Ustedes recibieron el espíritu de hijos adoptivos, que nos hace llamar a Dios «Abbá», es decir, «Padre».

San Lucas 11, 1-13

Estaba Jesús orando en algún lugar, y al terminar, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar como les enseñó Juan el Bautista a sus discípulos.» Él les dijo: «Cuando oren, digan: Padre, santifi cado sea tu nombre; ven a reinar; danos cada día nuestro pan del mañana; perdónanos nuestros pecados, que también nosotros perdonamos a todos los que nos ofenden, y no nos dejes caer en la tentación.» Luego les dijo: «Supongamos que uno de ustedes va a medianoche a donde su amigo y le dice: Amigo, préstame tres panes, porque un amigo que estaba de viaje acaba de llegar a mi casa y no tengo qué ofrecerle’. Sin duda el otro no le va a responder desde dentro: No me molestes, la puerta ya está trancada, mis hijos y yo estamos acostados, no puedo levantarme a darte nada. Porque si no se levanta a darle los panes por ser amigo suyo, les digo que al menos por su importunidad se levantará y le dará lo que necesite. Así también les digo a ustedes: Pidan, y recibirán; busquen, y encontrarán; llamen a la puerta, y les abrirán. Porque todo el que pide recibe, el que busca encuentra, y al que toca a la puerta le abren. Supongamos que a un padre de familia el hijo le pide un pescado; ¿le va a dar una serpiente en vez del pescado? O supongamos que le pide un huevo; ¿le va a dar un alacrán? Ustedes, pues, por malos que sean, saben regalar cosas buenas a sus hijos. Con mucha más razón el Padre, que está en el cielo, les dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan.»
http://www.minutosdeamor.com/?p=2377

domingo, 11 de julio de 2010

Programa del cristiano: Vivir amor y misericordia con los demás, dice Benedicto XVI

Al mediodía de hoy (hora local) y desde el balcón interno del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo en donde se encuentra desde el 7 de julio para unos días de reposo, el Papa Benedicto XVI dirigió la oración mariana del Ángelus y señaló que el programa de todo cristiano está en amar a Dios y servir a los hermanos en el amor y la misericordia, especialmente con los más necesitados, como hizo Jesús.


En su meditación, el Santo Padre se refirió al Evangelio de hoy que narra la historia del Buen Samaritano, aquella parábola que cuenta como sólo un samaritano, que no era bien visto por los judíos, ayuda a un hombre que había sido asaltado y golpeado en el camino y que había sido ignorado por un sacerdote y un levita que pasaron delante de él sin atenderlo, por considerar que el contacto con su sangre podía contaminarlos.

La parábola, dijo el Santo Padre, "debe inducirnos a transformar nuestra mentalidad según la lógica de Cristo, que es la lógica de la caridad: Dios es amor, y darle culto significa servir a los hermanos con amor sincero y generoso".

"Este relato evangélico ofrecer el ‘criterio de medida’, es decir, ‘la universalidad del amor que se dirige hacia el necesitado encontrado ‘en cualquier caso’, quien quiera que sea’. Junto a esta regla universal, aparece una exigencia específicamente eclesial: que ‘en la Iglesia misma, en cuanto familia, ningún miembro sufra por la necesidad’. El programa del cristiano, aprendido de la enseñanza de Jesús, es tener un ‘corazón que ve’ donde hay necesidad de amor, y actuara de manera consecuente".

El Papa recordó luego que "hoy la Iglesia recuerda a San Benito de Nurcia –el gran Patrono de mi pontificado– padre y legislador del monacato occidental. Él, como narra San Gregorio Magno ‘fue un hombre de vida santa… de nombre y por la gracia’. ‘Escribió una Regla para los monjes… espejo de un magisterio encarnado en su persona: de hecho el santo no puede de ningún modo enseñar cosas distintas a las que vive’".

El Papa Pablo VI, continuó, "proclamó a San Benito Patrón de Europa el 24 de octubre de 1964, reconociendo su obra maravillosa desarrollada para la formación de la civilidad europea".

"Confiamos a la Virgen María nuestro camino de fe y, en particular, este tiempo de vacaciones, para que nuestros corazones no pierdan de vista nunca la Palabra de Dios y a los hermanos en dificultad", finalizó.

En su saludo en español luego de haber rezado el Ángelus, el Santo Padre se dirigió de manera particular a "los fieles de la Cofradía de la Santísima y Vera Cruz de Caravaca. En la parábola del Buen Samaritano, proclamada este domingo, Jesús subraya la importancia primordial del mandamiento del amor y nos invita a practicar la misericordia con nuestro prójimo".

"Por intercesión de la Santísima Virgen María, supliquemos la gracia de tener los mismos sentimientos del corazón de Cristo y de peregrinar por esta vida haciendo el bien. Muchas gracias y feliz domingo", concluyó
http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=30286

sábado, 10 de julio de 2010

Virgen de Chiquinquirá

En el año 1560, Antonio de Santana, (caballero venido de España), obtuvo la encomienda de Suta en el valle de Sequencipá (Boyacá), lo cual lo autorizó para organizar y regir el destino socio-político de la región.


1560-62. Antonio Santana, solicitó al fraile dominico Andrés Jadraque le consiga una imagen de la Virgen María, para colocarla en la capilla de Suta. Fray Andrés, fue a Tunja y convino con Alonso de Narváez, que le pintara una copia de la imagen de la Virgen María. La pintura la hizo en un lienzo de algodón de 1,26 x 1,13 cts. tejido por los indios, utilizando mezcla de tierra de colores y zumo de yerbas y flores. Como en el lienzo sobraba espacio, Alonso pintó al lado derecho a San Antonio de Padua, fraile franciscano, por ser el nombre del encomendero; al lado izquierdo pintó a San Andrés, apóstol, por ser el nombre del fraile que lo agenciaba. El encomendero pagó por la pintura $ 20 pesos. La imagen fue colocada en la capilla pajiza de Suta, donde fray Andrés catequizaba a los indios de la región.

La Imagen queda abandonada

En 1574, la misión que habían iniciado los dominicos pasa al clero secular y fray Andrés Jadraque es enviado a otro convento. Al ausentarse fray Andrés de aquel lugar, pronto decayó el culto y la Imagen quedó abandonada. Con el tiempo la capilla se deterioró, las goteras y el sol dañaron la imagen.

En 1576, el doctrinero Juan Alemán de Liguizamón, encontró el lienzo en tan mal estado que nada representaba, lo retiró del altary lo entregó al encomendero en presencia de su mujer, Catalina de Irlos.

“El lienzo fue a dar a una despensa de campo, donde estuvo mucho tiempo de una parte a otra, según el servicio doméstico a que se le aplicaba, entre otros el de secar trigo al sol, con lo cual se le causaron varias roturas.

En 1577, muerto Antonio de Santana, su mujer Catalina se retiró a la aldea de Chiquinquirá con su familia y llevó el lienzo como un objeto de servicio doméstico. Por esta época, Chiquinquirá era una aldea despoblada, muy pantanosa, cubierta de niebla. Los indios de esta región tenían un famoso templo en la laguna de Fúquene, a donde acudían a ofrecer sus dones y sacrificios.

La española, María Ramos recupera el Lienzo

En 1585, María Ramos, esposa de Pedro de Santana, hermano de Antonio, llegó a Tunja en busca de su marido a quien encontró viviendo con otra mujer. Decepcionada, se vino a vivir con su cuñada Catalina de Irlos a la aldea de Chiquinquirá, donde encontró el lienzo abandonado. Al saber que en él habían pintado una imagen de la Virgen, lo recogió, lo arregló y lo colocó en alto, frente al cual hacia su acostumbrada oración: “¿Hasta cuándo, rosa del cielo, habéis de estar tan escondida? ¿Cuándo será el día en que os manifestéis y os dejéis ver al descubierto para que mis ojos se regalen de vuestra soberana hermosura, que llene de alegría mi alma?”
http://www.virgendechiquinquira.org/cms/index.php?page=Origen-de-la-sagrada-Imagen

Fuente: http://www.virgendechiquinquira.com/

domingo, 4 de julio de 2010

"Vayamos también nosotros y muramos con Él"

Tomás significa "gemelo"


La tradición antigua dice que Santo Tomás Apóstol fue martirizado en la India el 3 de julio del año 72. Parece que en los últimos años de su vida estuvo evangelizando en Persia y en la India, y que allí sufrió el martirio.

De este apóstol narra el santo evangelio tres episodios.

El primero sucede cuando Jesús se dirige por última vez a Jerusalem, donde según lo anunciado, será atormentado y lo matarán. En este momento los discípulos sienten un impresionante temor acerca de los graves sucesos que pueden suceder y dicen a Jesús: "Los judíos quieren matarte y ¿vuelves allá?. Y es entonces cuando interviene Tomás, llamado Dídimo (en este tiempo muchas personas de Israel tenían dos nombres: uno en hebreo y otro en griego. Así por ej. Pedro en griego y Cefás en hebreo). Tomás, es nombre hebreo. En griego se dice "Dídimo", que significa lo mismo: el gemelo.

Cuenta San Juan (Jn. 11,16) "Tomás, llamado Dídimo, dijo a los demás: Vayamos también nosotros y muramos con Él". Aquí el apóstol demuestra su admirable valor. Un escritor llegó a decir que en esto Tomás no demostró solamente "una fe esperanzada, sino una desesperación leal". O sea: él estaba seguro de una cosa: sucediera lo que sucediera, por grave y terrible que fuera, no quería abandonar a Jesús. El valor no significa no tener temor. Si no experimentáramos miedo y temor, resultaría muy fácil hacer cualquier heroísmo. El verdadero valor se demuestra cuando se está seguro de que puede suceder lo peor, sentirse lleno de temores y terrores y sin embargo arriesgarse a hacer lo que se tiene que hacer. Y eso fue lo que hizo Tomás aquel día. Nadie tiene porque sentirse avergonzado de tener miedo y pavor, pero lo que sí nos debe avergonzar totalmente es el que a causa del temor dejemos de hacer lo que la conciencia nos dice que sí debemos hacer, Santo Tomás nos sirva de ejemplo.

La segunda intervención: sucedió en la Última Cena. Jesús les dijo a los apóstoles: "A donde Yo voy, ya sabéis el camino". Y Tomás le respondió: "Señor: no sabemos a donde vas, ¿cómo podemos saber el camino?" (Jn. 14, 15). Los apóstoles no lograban entender el camino por el cual debía transitar Jesús, porque ese camino era el de la Cruz. En ese momento ellos eran incapaces de comprender esto tan doloroso. Y entre los apóstoles había uno que jamás podía decir que entendía algo que no lograba comprender. Ese hombre era Tomás. Era demasiado sincero, y tomaba las cosas muy en serio, para decir externamente aquello que su interior no aceptaba. Tenía que estar seguro. De manera que le expresó a Jesús sus dudas y su incapacidad para entender aquello que Él les estaba diciendo.

Admirable respuesta:

Y lo maravilloso es que la pregunta de un hombre que dudaba obtuvo una de las respuestas más formidables del Hijo de Dios. Uno de las más importantes afirmaciones que hizo Jesús en toda su vida. Nadie en la religión debe avergonzarse de preguntar y buscar respuestas acerca de aquello que no entiende, porque hay una verdad sorprendente y bendita: todo el que busca encuentra.

Le dijo Jesús: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí" Ciertos santos como por ejemplo el Padre Alberione, Fundador de los Padres Paulinos, eligieron esta frase para meditarla todos los días de su vida. Porque es demasiado importante como para que se nos pueda olvidar. Esta hermosa frase nos admira y nos emociona a nosotros, pero mucho más debió impresionar a los que la escucharon por primera vez.

En esta respuesta Jesús habla de tres cosas supremamente importantes para todo israelita: el Camino, la Verdad y la Vida. Para ellos el encontrar el verdadero camino para llegar a la santidad, y lograr tener la verdad y conseguir la vida verdadera, eran cosas extraordinariamente importantes.

En sus viajes por el desierto sabían muy bien que si equivocaban el camino estaban irremediablemente perdidos, pero que si lograban viajar por el camino seguro, llegarían a su destino. Pero Jesús no sólo anuncia que les mostrará a sus discípulos cuál es el camino a seguir, sino que declara que Él mismo es el Camino, la Verdad y la Vida.

Notable diferencia: Si le preguntamos al alguien que sabe muy bien: ¿Dónde queda el hospital principal? Puede decirnos: siga 200 metros hacia el norte y 300 hacia occidente y luego suba 15 metros... Quizás logremos llegar. Quizás no. Pero si en vez de darnos eso respuesta nos dice: "Sígame, que yo voy para allá", entonces sí que vamos a llegar con toda seguridad. Es lo que hizo Jesús: No sólo nos dijo cual era el camino para llegar a la Eterna Feliz, sino que afirma solemnemente: "Yo voy para allá, síganme, que yo soy el Camino para llegar con toda seguridad". Y añade: Nadie viene al Padre sino por Mí: "O sea: que para no equivocarnos, lo mejor será siempre ser amigos de Jesús y seguir sus santos ejemplos y obedecer sus mandatos. Ese será nuestro camino, y la Verdad nos conseguirá la Vida Eterna".

El hecho más famoso de Tomás

Los creyentes recordamos siempre al apóstol Santo Tomás por su famosa duda acerca de Jesús resucitado y su admirable profesión de fe cuando vio a Cristo glorioso.
Dice San Juan (Jn. 20, 24) "En la primera aparición de Jesús resucitado a sus apóstoles no estaba con ellos Tomás. Los discípulos le decían: "Hemos visto al Señor". El les contestó: "si no veo en sus manos los agujeros de los clavos, y si no meto mis dedos en los agujeros sus clavos, y no meto mi mano en la herida de su constado, no creeré". Ocho días después estaban los discípulos reunidos y Tomás con ellos. Se presento Jesús y dijo a Tomás: "Acerca tu dedo: aquí tienes mis manos. Trae tu mano y métela en la herida de mi costado, y no seas incrédulo sino creyente". Tomás le contestó: "Señor mío y Dios mío". Jesús le dijo: "Has creído porque me has visto. Dichosos los que creen sin ver".

Parece que Tomás era pesimista por naturaleza. No le cabía la menor duda de que amaba a Jesús y se sentía muy apesadumbrado por su pasión y muerte. Quizás porque quería sufrir a solas la inmensa pena que experimentaba por la muerte de su amigo, se había retirado por un poco de tiempo del grupo. De manera que cuando Jesús se apareció la primera vez, Tomás no estaba con los demás apóstoles. Y cuando los otros le contaron que el Señor había resucitado, aquella noticia le pareció demasiado hermosa para que fuera cierta.

Tomás cometió un error al apartarse del grupo. Nadie está pero informado que el que está ausente. Separarse del grupo de los creyentes es exponerse a graves fallas y dudas de fe. Pero él tenía una gran cualidad: se negaba a creer sin más ni más, sin estar convencido, y a decir que sí creía, lo que en realidad no creía. El no apagaba las dudas diciendo que no quería tratar de ese tema. No, nunca iba a recitar el credo un loro. No era de esos que repiten maquinalmente lo que jamás han pensado y en lo que no creen. Quería estar seguro de su fe.

Y Tomás tenía otra virtud: que cuando se convencía de sus creencias las seguía hasta el final, con todas sus consecuencias. Por eso hizo es bellísima profesión de fe "Señor mío y Dios mío", y por eso se fue después a propagar el evangelio, hasta morir martirizado por proclamar su fe en Jesucristo resucitado. Preciosas dudas de Tomás que obtuvieron de Jesús aquella bella noticia: "Dichosos serán los que crean sin ver".
http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Tom%C3%A1s_ap%C3%B3stol_7_3.htm

sábado, 3 de julio de 2010

“el santo de lo ordinario”

EL CARDENAL ROUCO DESTACA LA MODERNIDAD DEL MENSAJE DE SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ


Madrid, Junio 26 de 2010.- El cardenal arzobispo de Madrid, Antonio Rouco Varela, presidió esta mañana la concelebración eucarística en la fiesta de san Josemaría Escrivá, celebrada en la catedral de La Almudena, y animó a los fieles que llenaban el templo a “buscar a Dios en lo ordinario”, a ser “testigos que ayuden a superar dudas y escepticismos”.


El cardenal Rouco sugirió “dar gracias a Dios por la huella profunda que la santidad del fundador del Opus Dei deja en tantos miles de personsa en todo el mundo”, con “un testimonio que es innovador y moderno para las necesidades del siglo XXI, que nos recuerda que Dios está a nuestro lado”.


El arzobispo de Madrid destacó la presencia de muchas familias, jóvenes y niños en la eucaristía, a los que pidió “oración y ayuda” ante la próxima Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará en Madrid en agosto de 2011.

“Dad testimonio alegre y elocuente de vuestra fe ante los demás, dejad subir a Cristo en la barca de vuestra vida y pedirle fuerza para remar mar adentro”, dijo también el cardenal, que animó a “una intensa evangelización en el ambiente de cada uno”, sin olvidar que “cada hombre es un don del amor de Dios”, en palabras de Benedicto XVI.

La eucarístía celebrada en Madrid incluyó una plegaria por “los parados y todos los que sufren los efectos de la crisis” y una petición por las vocaciones de entrega a Dios en medio del mundo, así como las de la vida sacerdotal y religiosa.

Otras celebraciones eucarísticas se han celebrado en diversas partes del mundo donde la figura de san Josemaría Escrivá cuenta con muchos devotos. El fundador del Opus Dei nació en 1902 en Barbastro y falleció en Roma el 26 de junio de 1975. Fue canonizado el 6 de octubre de 2002 por Juan Pablo II, que lo definió como “el santo de lo ordinario”.
http://revistaecclesia.com/content/view/18732/65/

Mons. Javier Echevarría rememora el 26 de junio de 1975

Sí, aquí en esta casa rindió su alma al Señor. Los que vivíamos a su alrededor, le habíamos oído muchas cosas a propósito de la última llamada del Señor. Pero concretamente nos decía que, -no porque nos consideremos mejores: en el Opus Dei sabemos que tenemos la misma calidad o peor que las demás personas, y por lo tanto de todos tenemos que aprender-, pero nos decía que en el Opus Dei tenemos que tender a gastar la vida bien exprimidos, como un limón, dando hasta la última gota.


Nos comentaba que quería que el final de su vida fuese un intervalo muy corto, muy corto. Que desde que se advirtieran los síntomas de una posible llamada del Señor, que no diera la lata. Quería estar vestido, para que no tuviésemos que vestirle. Y estaba completamente preparado, también físicamente.

Bueno, pues el Señor le hizo caso.

Llevaba años, ya al final de su vida, muy gastado por una enfermedad terrible, una diabetes que provocó consecuencias muy fuertes. Porque a un paciente de la diabetes, le aflige la vista, y tiene consecuencias pulmonares y cardíacas. Y además estaba gastado porque se entregaba a todo lo que hacía. Y se notaba que la vida iba ya a su fin. Como él decía: "Se me hace de noche".

Aquél día, el 26 de junio de 1975, le ayudé a Misa. Y era maravilloso ver la piedad con que se acercaba a ese momento que era el momento álgido, cumbre, de su jornada. Celebró la misa de la Virgen, que aquel día se podía celebrar. Después salimos en coche hacia un centro interregional para las mujeres, y estuvo hablando con ellas: les habló del alma sacerdotal, de la posibilidad que tienen de unirse al sacrificio de Cristo y de saber que el altar no está lejos de ellas, está en sus vidas, porque cada uno podemos hacer de nuestra vida un altar con una ofrenda a Cristo.

En un momento dado, los que le acompañábamos observamos algo, algo que no era normal en él, un gesto como de asfixia. Entonces cortamos aquella reunión. Quitó importancia a su situación y emprendimos el camino de regreso a Roma, porque este Centro está como a unos 20 kilómetros de aquí.

Durante el viaje no habló, pero respiraba paz. Nos daba paz con su manera de aceptar la voluntad de Dios con lo que fuera. Llegamos a esta casa y, para no preocupar a la gente, bajó del coche con la soltura de siempre, aunque podía costarle esfuerzo bajarse del coche o subir las escaleras. Y cuando llegó al oratorio hizo una genuflexión piadosa, amando al Señor que se inmola y se queda ahí oculto por nosotros, y fuimos al despacho de trabajo.

Yo me quedé cerrando las puertas del ascensor y oí su voz que me llamaba: “¡Javi! ¡Javi!”. Porque esa es otra cosa bonita: en el Opus Dei nos llamamos con los nombres que nos han dado nuestros familiares, de esa manera no nos separamos de la familia de sangre. La queremos más que antes. En casa, mis padres y mis ocho hermanos me llamaban Javi.

Y San Josemaría me dijo: "No me encuentro bien". Y en ese momento, cayó desplomado y se nos marchó al Cielo. No tuvimos conciencia de que nos dejaba. Aunque sabíamos que no nos dejaría definitivamente, porque estábamos seguros de algo que nos había dicho: "Cuando me marche de este mundo, si me ayudáis a saltarme el purgatorio, desde el cielo os ayudaré más".

Y desde ese primer momento todos sentimos la pena, -porque no es lógico querer a una persona y no sentir la pena cuando nos deja-, y al mismo tiempo la alegría de que se estaba cumpliendo de que nos ayudaba más, más y más.

Como nos decía tantas veces, pidiéndonos que nos esforzásemos en lo que vivíamos con un “más, más y más”. Y que no nos conformásemos con lo que ya hacíamos. Por lo tanto, su marcha al cielo, su ‘dies natalis’, como se dice en la Iglesia, lo experimentamos inmediatamente después de que nos había dejado.

Hicimos todos los esfuerzos para ver si lo recuperábamos, porque evidentemente se trataba de un paro cardíaco, no se consiguió y eso no nos desanimó. Nos llevó a pensar que teníamos un intercesor en el Cielo, que si tanto nos había querido en la Tierra, con ese amor tan cerca del Señor, nos iba a seguir ayudando más de cerca que cuando estaba aquí entre nosotros.

- Sin embargo, don Javier, la muerte no es bien recibida, la muerte es una calamidad. Y hay mucha gente que se queda sin su hijo, sin su mujer, sin su hermano, sin el ser al que más quiere, de pronto, muy joven. Y ahí se producen unos desgarros terribles. ¿Qué se les dice? En esos momentos no sirve nada, don Javier.

- Si no ocurriera así no seríamos humanos. Solamente las bestias no lloran, decía san Josemaría. Los hombres y las mujeres, cuando notamos la ausencia de una persona a la que hemos querido con toda el alma, o que nos ha querido con toda el alma, lloramos y tenemos pena en el corazón.

¿Cómo se puede pensar que la Virgen, esa mujer excelsa, no sentiría el corazón roto al presenciar la muerte de su hijo? Y sin embargo sabía que esa era la voluntad de Dios para que nosotros fuésemos salvados. Y es lógico sufrir.

Pero sería una triste cosa que tuviéramos que vivir miles de años, viejecitos. En cambio, ¡saber que dejamos esta morada para ir a la morada eterna donde nos esperan el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo con los brazos abiertos, es un gozo muy grande!

Le diré el consejo que siempre daba san Josemaría cuando se nos marchaban al cielo nuestros padres o familiares. Nos decía: "Piensa una cosa, ahora debes vivir la presencia de Dios recurriendo a la intercesión de tu padre, o de tu madre, o de tu esposa o de tu esposo, porque están contemplando a Dios y te van a ayudar muy directamente". Y añadía: "Y no olvides que, si tú tienes la fe es porque ellos te la han facilitado, han puesto la vida tuya a un nivel de responder a Dios que tienes que mantener bien alto. Comprendo que hay dolor, pero al mismo tiempo tiene que haber la paz de que la vida no se termina en este mundo, se cambia. Y la vida verdadera se recupera en el Cielo".
http://www.opusdei.org.co/art.php?p=39501